HOTEL CONTINENTAL


Las paredes son incapaces
de guardar secretos.
Chismosas,
al tiro te gritan
cada palabra, cada silencio
y cada gemido suelto
de la habitación contigua.
¡Vaya escándalo!

Las ventanas cerradas,
emborrachadas por las fiestas
y la bulla de las calles
y por el vino del cielo invernal,
están medio dormidas;
descaradamente dejan entrar
todo el carnaval de afuera
en mi habitación.

Y las viejas tablas
de madera del suelo,
como si fueran tímidas
muchachas adolescentes,
sueltan una risita tonta
cada vez que mis pies por fuerza
las besan una y otra vez.

Y la cisterna del inodoro
es una cantante frustrada
que no deja de estrenar
su voz ronca de tanto cantar,
o más bien chillar.
Pero por quejarme no creas
que le falto el respeto
al Hotel Continental.
He venido aquí
para rendir homenaje
a su glorioso pasado.

En alguna parte secreta
de esta habitación,
se esconde una sombra
de un trozo del alma
de Neruda.

Y en los pasillos,
en las grietas olvidadas
que hay en la madera del piso,
están sepultados
polvo y pedacitos de tierra
que cayeron de los zapatos
de presidentes
y otra gente de categoría.

Y por la noche
por fin cuando
ha triunfado el silencio,
es posible que oigas
ecos de alguna rima
de doña Gabriela.

No creas que le falto
el respeto al Hotel
Continental.

 

HOTEL CONTINENTAL


The walls are incapable
of keeping secrets.
Right away they scream
each word, each silence,
and each moan floating
from the room next door.
How scandalous!

The closed windows,
drunk from the festivities
and the noise of the streets,
and from the wine of the winter sky,
are half asleep.
Shamelessly they let
the whole carnival from outside
into my room.

And the old
wooden boards of the floor,
as if they were shy
adolescent girls,
giggle every time
my feet by force
kiss them over
and over again.

And the bathroom water tank,
is a frustrated singer
that doesn’t stop
showing off its voice,
hoarse from so much singing,
or rather from screaming.
But by my complaining don’t think
that I lack respect
for the Hotel Continental.
I have come here
to pay homage
to its glorious past.

In some secret part
of this room hides
a shadow
of a fragment
of Neruda’s soul.

And in the hallways,
in the forgotten cracks
found on the wooden floor,
lie entombed
dust and particles of earth
that fell from the shoes
of presidents
and other distinguished guests.

And at night,
when finally silence
has triumphed,
you just might hear
echoes of a verse
by doña Gabriela.

Don’t think
that I lack respect
for the Hotel Continental.


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